Juan
Alberto Belloch y Marcelino Iglesias, a bofetada limpia
Hay adversarios
de otros partidos y enemigos de tu partido. Bien lo saben
el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, y el alcalde
de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, cuyo encono crece
¡Qué duro el oficio de político!
Ganar una mínima cuota de poder se puede convertir
en una auténtica lucha entre compañeros de partido.
Ya se dice en las comidillas de la cosa pública: hay
adversarios de otros partidos y enemigos de tu partido. Bien
lo saben el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias,
y el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch. Ambos compañeros
de partido están comenzando a soliviantar los ánimos
en las filas socialistas de la región. La razón
no es otra que su disputa por "la foto" ante la
Exposición Internacional del año 2008. Un éxito
alcanzado en torno al agua y a su uso solidario en todo el
mundo, con un proyecto, éste sí, que unió
a formaciones de todos los signos, trabajado primero por el
PP, luego por el PSOE, y que mereció la lógica
felicitación compartida de toda la sociedad española.
El caso es que presidente y alcalde se han declarado la guerra,
según cuentan en el Partido Socialista a Garganta Profunda.
Mejor dicho, han decidido continuarla pero ya sin disimulos.
"El día menos pensado acaban a torta limpia",
cuentan socialistas zaragozanos expertos. Tanto Iglesias como
Belloch, uno y otro, ya han visto en la Expo la bandera para
hacerles brillar y alcanzar sus objetivos de alzarse con el
liderazgo indiscutible en el partido. "El tufo a ajustes
de cuentas en la pirámide del socialismo aragonés
tirará de espaldas", advierten los consultados.
"Ambos tratarán de capitalizar todo el protagonismo",
subrayan. Los daños colaterales se mascan en el aire.
La convivencia entre los dos políticos es difícil.
Marcelino Iglesias y Juan Alberto Belloch se resienten por
su proximidad. Para Aragón, la Exposición supone
la oportunidad de asomarse a la escena internacional y de
hacerlo con fortaleza dentro de España. Más
que su capital, lo necesita una Comunidad con mucho territorio
y poca población. Y presidente y alcalde deberían
tomar nota de las posibles averías en el prestigio
de las instituciones y la imagen de la clase política
y contribuir al éxito. Sin embargo, la guerra intestina
entre clanes está bien servida y amenaza, incluso,
con ensombrecer la elección de la capital aragonesa.
"De momento, aunque de manera disimulada, cualquier pretexto
ha servido ya para escenificar pequeñas tensiones latentes",
dicen esas fuentes. Los dos tendrían que tener muy
presente que la designación de Zaragoza se alcanzó
justamente por una unión de esfuerzos y, en buena medida,
gracias a que el proyecto estuvo apartado de las discusiones
de partido acompañadas de no poca estela electoral.
Otra buena lección que queda escrita, en un momento
en el que algunos no dudan en estirar la cuerda con irresponsabilidad
para dar rienda suelta a sus ansias de poder.
El
Gobierno de Marcelino Iglesias estudia suprimir las cuatro
"cabezas de moro cortadas" del escudo oficial de
Aragón para evitar ofender la "sensibilidad"
de la comunidad islámica
El Gobierno aragonés está estudiando
modificar el escudo que se muestra en la bandera de esta comunidad
autónoma para suprimir del mismo las cuatro "cabezas
de moros cortadas". Según el periódico
Heraldo de Aragón, la comunidad islámica
ha pedido que se retire este símbolo que recuerda
la conquista de Huesca por Pedro I en 1096. El Ejecutivo podría
aprovechar la reforma del Estatuto de autonomía para
introducir esta modificación.
La iniciativa de modificar el escudo se suma a la
intención de Marcelino Iglesias de declarar
la lengua catalán cooficial. Además,
el presidente socialista de Aragón es partidario de
una euro-región que aglutine a las
Comunidades Autónomas del Eje del Ebro entre las que
cita Aragón, La Rioja, Navarra y el País Vasco.