Gallardón
anuncia la retirada de Cobo tras constatar la falta de apoyos
de la candidatura de PRISA dentro del PP
Visiblemente
afectado, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón,
anunció este jueves la retirada de la candidatura de
Manuel Cobo para presidir el PP de Madrid. El miércoles
por la noche, explicó Gallardón, fue "severamente
rechazada" por la mayoría de la Junta Directiva
regional del partido, que apoyó a Esperanza Aguirre.
El alcalde duda sobre su futuro a partir de "mayo de
2007". Por cierto, con tanto revuelo ha pasado inadvertida
la subida de un 113% en las tasas de la grúa y del
51% en las de regulación de aparcamiento.
Que Gallardón iba a perder el pulso que, a lo largo
de la última semana, ha echado a todo el Partido Popular
era algo previsible. El alcalde de Madrid, el mejor
amigo de su amigo Cobo y de Prisa, no dispone de apoyos en
el partido, ni en Madrid ni cualquier otra delegación
de España.
Por cierto, que nuestros amigos de www.prisoe.net
han colgado un nuevo vídeo de la factoría Imagenio
que hace referencia precisamente a las correrías de
este "padrino" madrileño.
Puedes descargarlo aquí.
El
"integrador" Gallardón abre la guerra por
el poder en el PP madrileño y reta a Aguirre y a Rajoy
El alcalde de Madrid, nuestro
maricomplejines favorito, lanza una candidatura
encubierta con su segundo como líder - Esperanza Aguirre:
"¿Por qué no se presenta el alcalde? Porque
sabe que voy a ganar yo" - Rajoy minimiza el órdago
de Gallardón: “no me preocupa en exceso”
Se supone que Ruiz Gallardón
representa “una sensibilidad” dentro del PP. Esto
de las “sensibilidades” dentro de los partidos
políticos es una cursilada importada del PSOE,
de las épocas de la guerra civil entre guerristas y
felipistas, antes de desembocar en la actual cofradía
de taifas. No está, por tanto, fuera de lugar,
atribuirle a Gallardón esa cualidad tan socialista,
porque todo en él aspira a serlo. Pero empieza
a desvanecerse esa fama de listo que él mismo, sus
amigos y hasta algunos enemigos solían atribuirle.
Sus últimas actuaciones, en la COPE, en el XV Congreso
Nacional del PP y ahora en el PP de Madrid muestran a un político
pasado de vueltas, tan acelerado en sus ambiciones como inconsciente
de la limitación de sus recursos. Y que cada
vez parece más abocado a salir del partido o a dejar
la política si no es capaz de atenerse a las reglas
del común.
Un liderazgo hipertrofiado, como el de Aznar, podía
permitirse el indulto al final de la legislatura y recolocar
a Gallardón en la alcaldía de Madrid cuando
todos lo daban por políticamente muerto. Un liderazgo
tierno, todavía verde, como el de Rajoy, no
puede permitirse que el único aspirante claro a su
puesto le eche un pulso al partido en la comunidad más
importante de España y lo gane. Porque Esperanza
Aguirre quedaría mal si finalmente el vicealcalde o
vicegallardón Cobo se impone en la secretaría
general del PP madrileño, con una presidenta de adorno,
pero Rajoy quedaría muchísimo peor. Estaría
listo para el relevo al primer traspiés electoral.
Galicia, por ejemplo. Gallardón, pese a conocer
los estragos del juego, parece empeñado en jugar con
fuego. Pero hay distintos finales para esa tendencia,
esencialmente dos: Eróstrato e Ícaro, Faetón
en otras mitologías. Uno acabó muriendo por
acercarse demasiado al Sol, víctima de su ambición
desmesurada. El otro quiso hacerse inolvidable quemando su
ciudad y, en efecto, consiguió que aún se recuerde
su monstruoso afán de protagonismo. Entre ambos oscila,
vacila o deambula el desnortado alcalde de Madrid.
Federico Jiménez Losantos, LIBERTAD DIGITAL, 8
de octubre de 2004
"Gobernar
no es estar todo el día sonriendo, sino tomar decisiones"
"No hay nada más progresista
que bajar los impuestos, reducir el déficit, ajustar
el gasto público a las necesidades de los ciudadanos
y no al capricho de los gobernantes". De este
modo se expresaba Esperanza Aguirre en una extensa entrevista
que concedió el mes pasado al diario El Mundo. Y va
cargada de razón.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, la única que,
siendo mujer y sin necesidad de cuotas, ha
llegado a la presidencia de una Comunidad Autónoma,
no vende sonrisas ni grandilocuentes discursos que no conducen
a sitio alguno. Esperanza Aguirre, fiel a la mejor tradición
política liberal, es alérgica a comerciar con
humo. En el debate sobre el Estado de la Región, que
se ha celebrado durante esta semana, lo ha demostrado una
vez más y se ha significado como el paradigma de la
sensatez y el tino en las revueltas aguas de la política
nacional.
La receta es sencilla: Libertad. Ni más, ni menos.
El Gobierno que apuesta por las personas y la capacidad creadora
del individuo libre obtiene como resultado prosperidad, estabilidad
y bienestar. La Comunidad de Madrid es un ejemplo.
Este año la Comunidad que alberga en su seno a la capital
de España crecerá, según las previsiones,
un 3,6%, en contraste España no llegará al 3%
y algunas instituciones como el Instituto Nacional de Estadística
auguran que el crecimiento al final de año pasará
por los pelos el 2,5%, es decir, el límite mismo que
separa la recesión de la prosperidad, las vacas gordas
de las flacas.
Habrá quien no vea en esto más que un simple
capricho estadístico. Se equivoca, el crecimiento económico
posibilita todo lo demás. En el último año
en Madrid se creó el 36% de todo el empleo creado en
España con tan sólo el 13% de la población
del país. ¿Milagro?, no, sensatez, ideas claras
y la política liberal clásica que da resultado.
Con las cuentas saneadas y los ciudadanos cotizando en la
Seguridad Social las políticas sociales de las que
presume el Ejecutivo socialista son, simplemente, innecesarias.
En estos tiempos de desatinos, soluciones habitacionales,
fijaciones de precios y déficit a final de año,
escuchar a un político de la talla de Aguirre predicar
la cordura desde una presidencia autonómica es casi
providencial. No existe mejor dosis contra el desgobierno
que una medida y cuarto de gobierno responsable y consciente.
Quizá porque la lógica siempre termina por imponerse,
o quizá porque ahora hace más falta que nunca.
Esperanza Aguirre, como presidenta de todos los madrileños,
tiene una responsabilidad extra en el cargo. El pacto tácito
entre socialistas, comunistas y nacionalistas le ha situado
en un tesitura que, hace sólo unos meses, hubiera sido
imposible de pronosticar.
Los madrileños son los más solidarios, los que
más aportan a la caja común, y eso ha de saberse
más allá del Jarama. Madrid es la Comunidad
más avanzada en términos de renta por habitante
y no precisamente por ser la capital de la Nación sino
a pesar de ello. La capitalidad y la posición central
de la Comunidad ocasionan numerosos gastos que, ciertos partidos
en sus ladridos parlamentarios, acostumbran a ignorar. Una
vez más prudencia frente a propaganda, saber
hacer frente a victimismo.
En la Comunidad de Madrid, donde, dicho sea de paso, viven
casi un millón de emigrantes en continuo proceso de
integración, no se ha dado más milagro que el
de la mesura aplicada a la cosa pública. Sin complejos
así lo ha expuesto esta semana Aguirre en el Parlamento
regional. Los proyectos, perfectamente asumibles por una economía
en funcionamiento, están a la vista: cierre de la M50,
radial 1, nueva ampliación del metropolitano, un plan
de infraestructuras educativas de 800 millones de euros y
las obras de Madrid 2012 en el horizonte.
Si el metro de Madrid es mayor que el de París no es
por casualidad, es porque las ideas –liberales–
que guían a sus gobernantes, llegan más lejos.